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Conoce las cuevas bioluminiscentes de Nueva Zelanda

En su interior, habitan miles de insectos que producen luz

El Universal
Por El Universal
  • La cueva parece tener luz propia/imagen ilustrativa Pixabay

    La cueva parece tener luz propia/imagen ilustrativa Pixabay

En Nueva Zelanda, se encuentra uno de los paisajes más peculiares del mundo: las Cuevas de Waitomo. Son conocidas por el fenómeno de bioluminiscencia que ocurre en su interior.

El sistema de cavernas se llama así por el distrito donde se ubica, a tres horas de la ciudad de Auckland. En la región se conocen aproximadamente 300 cuevas en total.

Aunque a menudo se confunden con luciérnagas o gusanos, los insectos que habitan las cuevas son en realidad larvas de una especie de mosquito, endémica de Nueva Zelanda. Cuelgan de los techos de las cavernas formando hilos y se alimentan de otros insectos.

Las cuevas, formadas de piedra caliza, fueron descubiertas a finales del siglo XIX por Tane Tinorau, un jefe maorí dueño de las tierras en ese entonces. Poco después se abrieron a los visitantes. Hoy en día, algunos descendientes de Tinorau forman parte de los guías turísticos.

 

Cómo explorarlas


La forma más conocida de conocer las cavernas es en bote. Existen tours  de 45 minutos, donde además de admirar los techos luminosos, navegas entre estalactitas y estalagmitas.

Aunque no se centran únicamente en la bioluminiscencia, también hay recorridos que involucran actividades de aventura . En el interior de las cuevas se puede practicar tubing -que consiste en deslizarse por el río sobre una llanta-, escalada y saltos al agua.

Una de las cuevas, Ruakuri, es accesible para usuarios de silla de ruedas. Además, el recorrido  por sus profundidades es el más extenso de Waitomo.

 

Conoce los bichos que iluminan las Cuevas de Waitomo

 

Es un sistema de cuevas de roca caliza, famosas a nivel mundial por su bioluminiscencia. Se encuentran en la Isla Norte de Nueva Zelanda, a dos horas y media de la ciudad de Auckland. Todos los días se organizan recorridos a pie o en bote para admirar las luces en el techo de las cavernas que adquieren tonalidades azules y asemejan un cielo estrellado. Las grutas tienen dos niveles, con 16 metros de distancia entre sí. El primero es seco, mientras que el segundo contiene canales de agua y conduce a la “Catedral”, la cámara más profunda y grande del conjunto.

 

Descubrimiento

 

Fueron recorridas a fondo por primera vez en 1887, aunque los maoríes de la región (etnia de origen polinesio que habita Nueva Zelanda) sabían de su existencia desde tiempo atrás. Su explorador, propietario del terreno donde están ubicadas las cavernas, pertenecía a esta comunidad. Dos años después fueron abiertas al turismo. Durante casi todo el siglo XX la administración corrió a cargo del Gobierno, pero en 1989 los derechos fueron devueltos a los descendientes de su conquistador original.

 

¿Son luciérnagas?

 

Aunque a menudo son llamados “luciérnagas”, los insectos que habitan en las cuevas son una especie de mosquito endémico de Nueva Zelanda. Pasan casi toda su vida como larvas; por esta razón parecen gusanos. La bioluminiscencia se debe a que sus colas producen sustancias químicas que reaccionan con el oxígeno creando luz. Para alimentarse de otros insectos forman trampas a través de hilos brillosos que cuelgan del techo de las cavernas. Las larvas son monitoreadas constantemente para garantizar que las condiciones del ambiente permitan su supervivencia.

 

 

En La Comarca

 

A casi hora y media de las cavernas, se localiza el set que dio vida a Hobbiton, en “El Señor de los Anillos” y “El Hobbit”. Se construyó en 1999 y está conformado por 44 casitas coloridas con puertas circulares y cubiertas de pasto. Es un atractivo turístico, con una taberna y tienda incluidas. El tour convencional consiste en seguir los diferentes senderos que te llevan a las casitas de utilería. Un guía te cuenta algunas curiosidades del set y de la filmación. En otros paseos es posible disfrutar de una cena inspirada en las películas. Hay paquetes que incluyen Waitomo. www.hobbitontours.com 

 

 

Galería rocosa

 

Aranui no solo es la más pequeña de las Cuevas de Waitomo, también la más espectacular en cuestión de formaciones de roca caliza. Sus enormes estalactitas y estalagmitas adquieren tonos rosado, blanco y café claro. Aquí no hay bioluminiscencia, pues no existen flujos de agua subterráneos. En lugar de eso, la entrada es habitada por una colonia de “wetas”, un tipo de insecto endémico del país que se parecen a los grillos, pero sus extremidades son exageradas en proporción con su cuerpo.

 

Cava tu propia alberca

 

La playa de Kawhia, a una hora de Waitomo, es una verdadera curiosidad: en ella es posible crear tu propio spa al aire libre. Basta con cavar un poco en la arena cuando la marea está baja; conforme avanzas, el agujero se va llenando de relajante agua termal. Tú decides el tamaño y la profundidad de tu piscina. Para facilitar la tarea, en la playa se rentan palas.

 

 

Chapuzones subterráneos

 

A unos cinco minutos en auto de las Cuevas de Waitomo, encontrarás las cavernas de Ruakuri. Son accesibles para personas en sillas de ruedas y en ellas también se presenta el fenómeno de la bioluminiscencia. Su mayor atractivo son los paseos acuáticos en sus profundidades. El recorrido para principiantes, Black Labyrinth, consiste en hacer tubing (flotar sobre una llanta) por los canales subterráneos. Su versión más extrema es Black Abyss: debes deslizarte en tirolesa, escalar una cascada y hacer rappel en un abismo de 35 metros de altura.

 

 

En números

30 millones de años atrás, comenzó la formación de las cuevas.

130 años se han cumplido desde su exploración.

400 cuevas, aproximadamente, conforman el sistema de Waitomo, pero solo unas cuantas permiten la entrada a los visitantes.



 

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