Mundo Raro

Hacen de un cementerio su hogar

Los pobladores están acostumbrados a convivir entre lápidas y huesos

Mariana Ley
Por Mariana Ley Sábado 18 de Noviembre de 2017
  • Navotas/Wikimedia Commons.

    Navotas/Wikimedia Commons.

Si algo caracteriza a Manila, capital de Filipinas, además de su interesante cultura, es que cuenta con una población bastante elevada: alrededor de 20 millones de habitantes.

Ahí se encuentra una ciudad bastante peculiar: Navotas, donde la pobreza y escasez es notoria y está presente en muchas de sus calles. Incluso en áreas cercanas a la costa se alinean miles de asentamientos a modo de viviendas. 

Estas austeridades no se encuentran muy lejos de los rascacielos en áreas más opulentas. Aunque no tiene mucho movimiento turístico hay un lugar que llama la atención de los visitantes. 

Se trata de su cementerio, donde cientos de personas han decidido residir desde hace años, debido a que no contaban con un hogar y tampoco tenían muchas opciones.

 

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Se estima que este campo santo alberga a más de 600 familias que, con toda normalidad, conviven con los restos de las personas ya fallecidas y se recuestan sobre sus féretros. 

Como en cualquier otro vecindario, los niños tienen un papel fundamental, pues junto a los jóvenes, son quienes paradójicamente le otorgan vida al cementerio. 

Los adultos también tienen diversas actividades, en una "plaza principal" se reúnen a platicar y a compartir experiencias, acomodados sobre las sepulturas. También es común verlos jugar a las cartas o practicando algún deporte. 

 

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Cuentan con un popular puesto de helados, una tienda, una muy solicitada mesa de billar, una cancha de básquetbol; todos estos sitios utilizan los nichos como posibles gradas.

Dentro de algunos mausoleos también es muy común el encontrarse con karaokes o hasta escuelas. 

Llevan su vida como cualquier persona: cocinan y se alimentan, duermen, se asean, así como lavan su ropa, sólo que entre lápidas y mausoleos, sin embargo, también carecen de sistemas sanitarios. 

La dureza de su situación no deja que las personas se desanimen, pues siempre están haciendo algo: los más pequeños se dedican a recolectar plásticos o metales que puedan vender, mientras que los adultos pueden reparar y limpiar las tumbas. 

Con información de BBC y El País. 

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