Mundo Raro

Leyenda de la mulata de Córdoba

Pueblerinas corrían el rumor de que la mulata sabía de embrujos, magia y encantamientos

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Por La Sirena Miércoles20 de Febrero de 2019
  • La mulata de Córdoba; terrible historia de la mujer que jamás envejecía. Foto temática Pixabay

    La mulata de Córdoba; terrible historia de la mujer que jamás envejecía. Foto temática Pixabay

En la ciudad de Córdoba, Veracruz, vivió una hermosa mujer llamada Soledad, su desgracia era ser mulata, por lo que era mal vista por la sociedad, nadie supo de dónde provenía, ni quienes eran sus padres, según cuenta la leyenda.

Sin embargo, la mulata de Córdoba nunca pasó desapercibida entre los vecinos, pues era muy hermosa y al paso de los años jamás envejeció, lo que hacía que pueblerinos se la pasaran murmurando extravagancias sobre su persona, esto provocó que se volviera solitaria y huraña.

Según la leyenda, los hombres aseguraban que la mulata era muy buena para sanar enfermedades incurables; las mujeres casaderas juraban que tenía el poder de hacer que sus novios les propusieran matrimonio, pero las casadas, celosas por las pasiones que Soledad provocaba en sus esposos, corrían el rumor de que ella sabía de embrujos, magia y encantamientos. 

A la mulata la tachaban de bruja y contaban que si pasabas por la casa de Soledad podrías observar luces extrañas, como si estuviera realizando algún ritual, por lo que muchas personas creían que la mulata Soledad había hecho pacto con el diablo.

Algunos otros aseguraban que a la mulata le gustaba volar sobre los tejados, aunque realmente nadie la vio nunca, y pese a que era la época de la Santa Inquisición, nadie se atrevió a acusarla ante la iglesia, pues de alguna manera se veían beneficiados con sus dones. 

Un día, cuando Soledad acudió a la misa por la mañana, coincidió con Don Martín de Ocaña, quien era el alcalde de Córdoba, y quedó perdidamente enamorado de la mulata.  

Él conocía todo lo que se decía de ella, pero decidió hacer la lucha y conquistarla, sin embargo Soledad no estaba interesada en romances y menos en un hombre tan mayor. 

El desaire no fue bien visto por el alcalde, pues estaba acostumbrado a que todas las mujeres aceptaran sus elogios y no iba a permitir que una mulata, los despreciara.

En venganza, Don Martín usó a su favor todos los rumores que el pueblo decía y acusó a Soledad ante las autoridades del Santo Oficio, a quienes dijo que la mulata le había dado un brebaje para hacerle perder la razón.

La iglesia también había escuchado los rumores, y con acusación del alcalde, no dudó en capturarla de inmediato, ya presa, fue trasladada hasta las mazmorras del castillo de San Juan de Ulúa, donde fue acusada de practicar magia negra, además de invocar al diablo y burlarse de la religión. 

Tras un juicio en el que nadie testificó a su favor, fue condenada a ser quemada en la plaza pública con leña verde.

Pero antes de que se llevara a cabo la condena, Soledad realizó un hermoso dibujo de un barco en la pared del calabozo donde se encontraba, era tan bello que los carceleros ser turnaban para bajar al calabozo y mirar los detalles del dibujo, era tan similar a uno real que los guardías decían que parecía que saldría volando. 

Un día lluvioso, el carcelero en turno miraba fíjamente a la mulata y su hermoso barco, se imaginaba que Soledad entraba al dibujo y en ese barco mágico salía volando por la ventana.

Para cuando terminó de llover las calles se encontraban inundadas y el calabozo ni se diga, tenía goteras por doquier, de pronto la mulata empezó a sentirse inquieta, sabía que el momento había llegado.

El guardia se había dormido y de pronto Soledad lo despertó preguntándole qué le hacía falta a su barco, a lo que el celador pensó un poco, pero respondió finalmente que:

- “Lo único que le falta es andar”

- “Entonces mira cómo anda”. 

Como por arte de magia la mulata subió las escaleras del barco y se mezcló con el dibujo de la pared, el celador no podía creerlo, se talló los ojos una y otra vez y volvió a observar, pero de Soledad no había ningún rastro.

El agua empezaba a borrar el dibujo, el celador se acercó y miraba el detalladamente el dibujo del barco, cuyó tripulante era muy parecido a la mulata, lo más sorprendente es que este le decía adiós con la mano al celador.

Jamás se supo si el celador había soñado o si en realidad la mulata había lanzado un hechizo y se había escapado en el barco, pero los pueblerinos decían que algunos habían visto un pequeño barco navegando entre la lluvia y se alejaba hasta perderse de vista. 

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