Nota Roja

Las Poquianchis: las hermanas y exterminadoras más crueles de México

Su historia se ha convertido en una de las más oscuras dentro del mundo policial 

Mariana Ley
Por Mariana Ley Sábado 22 de Septiembre de 2018
  • Las Poquianchis han sido las peores asesinas seriales de México.

    Las Poquianchis han sido las peores asesinas seriales de México.

Las Poquianchis fueron cuatro hermanas reconocidas internacionalmente por ser un grupo de asesinas seriales quienes se mantuvieron activas entre 1945 y 1964. El grupo se conformaba por Delfina (la líder), María de Jesús, María del Carmen y María Luisa (Eva), todas bajo los apellidos González Valenzuela. 

Las mujeres fueron dueñas y administradoras de diferentes burdeles en Guanajuato y Jalisco, por lo que sus víctimas eran principalmente las sexoservidoras a las que mantenían cautivas, así como también asesinaron a clientes y bebés de las mujeres esclavizadas.  

La historia 

Originarias de Jalisco, las cuatro hermanas crecieron dentro de una familia disfuncional; su madre Bernardina era una mujer devota y abnegada que les inculcó fuertemente el culto católico, mientras que su padre Isidro, machista, ejercía el abuso de poder y violencia, además de tener adicción al alcohol. 

El padre representaba gran autoridad en el pueblo al ser juez de acordada y se encargaba de resguardar las calles a caballo durante la noche. Su personalidad autoritaria y violenta provocó que Carmen, su hija mayor, huyera con un hombre mayor, al que posteriormente Isidro buscó y presuntamente asesinó.  

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Por otra parte, a Carmen la tomó de los cabellos, la violentó y entre regaños y otros insultos decidió encerrarla en una celda municipal ante su indecente comportamiento. Al cabo de unas horas, Isidro asesinó a otro hombre que era buscado por las autoridades, por lo que de inmediato huyó del lugar. 

Se refugiaba entre distintas rancherías de Jalisco, sin embargo, no pudo regresar a liberar a Carmen, quien duró encerrada 14 meses hasta que un abarrotero se apiadó de su situación y la liberó, a cambio de que contrajeran matrimonio, posteriormente tuvo un hijo con él. 

De la misma forma, Delfina sostenía amoríos con un hombre mayor que ella, pero bajo la misma suerte, fue descubierta por su padre, quien en un arranque de ira le propinó un fuerte golpe en la cabeza que casi termina con su vida. 

A mediados de la década de 1930, Delfina, Carmen y María de Jesús encontraron un empleo dentro de una fábrica de hilados y tejidos, sin embargo, al poco tiempo Carmen se juntó con un hombre vividor apodado 'El Gato', con el que instaló una cantina. 

El negocio en principio fue fructífero, hasta que El Gato desperdició las ganancias y llegaron a la quiebra; de lo poco que pudo recuperar, Carmen después abrió un estanquillo de vinos y licores, tal cantina influiría en la instalación del primer burdel de Delfina. 

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Los informes indican que con la muerte de sus padres, las hermanas heredaron una modesta cantidad económica que les sirvió para establecer el primer prostíbulo, en el que las mujeres reclutaban a jóvenes inocentes para trabajar como 'empleadas domésticas', lo que le hacían creer a los padres de las víctimas.

El primer negocio turbio se ubicó en El Salto, Jalisco, a orden de Delfina, en la que acomodó también una casa de citas. En ese tiempo era poco el control sobre los burdeles y eran de fácil acceso, por lo que en principio contaron con todo tipo de clientes: policías, soldados, autoridades municipales, entre otros. 

Sin embargo, a pesar de su popularidad y bonanza económica, éste fue clausurado en 1948 debido a un zafarrancho con armas de fuego que se propició en el lugar; por ello, Delfina tuvo que trasladar a sus empleadas a la feria de San Juan de los Lagos. 

Ahí, instaló por dos semanas el "Guadalajara de Noche", donde supo mover los hilos para obtener ayuda del alcalde y así alquilar dos locales en los que se montó una cantina con varias habitaciones para ofrecer servicios sexuales. 

En ese momento Delfina sumó al negocio a sus hermanas María de Jesús, Luisa y Carmen, a quienes dejó encargadas de la caja registradora y de la cocina. Carmen, por su cuenta vendía ropa y objetos personales a las empleadas, quienes se adeudaban y eran obligadas a comprar, pues no tenían libertad para objetar; tales deudas eran apuntadas en una libreta. 

Esas fructíferas semanas permitieron que posteriormente se trasladaran a San Francisco del Rincón, Guanajuato para instalar de nueva cuenta el negocio, pues en este lugar los burdeles no estaban prohibidos y prácticamente eran poco controlados. 

Bajo el mismo nombre esta vez su negocio era una casona con camas, tocadores y una silla en cada habitación. Para ese tiempo, María de Jesús conoció a un hombre que tenía un burdel que alquilaba a un homosexual apodado "El Poquianchis".

María de Jesús su primera casa de citas, "La Casa Blanca", la cual carecía de luz y de servicios para poder ser abierta, sin embargo, obtuvo algunas 'facilidades' de parte del secretario municipal a cambio de sexo. Misma práctica le otorgaría la licencia de sanidad con otro influyente. 

María de Jesús rápidamente supo ganarse a las autoridades a través de sobornos que evitaran la clausura de su negocio en cuestión de peleas o evidencia de lenocinio con mujeres menores de edad; ante lo cual recibía protección policíaca y del gobierno municipal. 

Por su parte María Luisa, la menor de las hermanas, quien había trabajado por diez años como cajera de Delfina, logró reunir la cantidad de 39 mil pesos, por lo que de pronto dejó el negoció y no volvió a ejercer en nada relacionado a la prostitución, a diferencia de sus hermanas. 

Los crímenes

La codicia de Delfina ocasionó que decenas de jovencitas fueran secuestradas y convertidas en esclavas, con ayuda de tres de sus trabajadoras, quienes las engañaban en diferentes estados, creyendo que trabajarían como empleadas domésticas.  

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Esto ocasionaba embarazos en las adolescentes quienes, en malas condiciones de salubridad, tenían que abortar clandestinamente dentro del paupérrimo prostíbulo. Las que lograban dar a luz eran separadas de sus bebés para asesinarlos y después se deshacían de los pequeños cadáveres. Si alguna de las esclavas moría en el proceso de parto, su cuerpo corría el mismo destino.  

Para 1949, Carmen, la hermana mayor, quien administraba las deudas de las esclavas, falleció a raíz de un cáncer. Delfina quiso hacer cargo de las cuentas, sin embargo, no sabía leer, por lo que saldó el adeudo de las trabajadoras bajo la condición que rezaran por su hermana muerta.  

Al tiempo María de Jesús volvió a encontrarse con "El Poquianchis", quien le ofreció la propiedad que anteriormente arrendaba y por la cual ella pagó 25 mil pesos, sin embargo, la puso a nombre de su hermana Delfina. 

Llamada "La Barca de Oro", sufrió algunos cambios y arreglos para ser abierta al público, pero nadie la identificó bajo ese nombre, pues el anterior estaba tan arraigado al lugar que continuó siendo llamado "El Poquianchis", e incluso María de Jesús se convirtió en "La Poquianchis", apodo que una vez capturadas se les adjudicaría también a Delfina, Luisa y la fallecida Carmen. 

Sus negocios no estaban peleados con la religión, pues para ellas la prostitución no era un pecado, sin embargo, prohibían las relaciones anales y los besos por ser inmorales; tampoco permitían las orgías ni los actos lésbicos. 

Por ello, sus pupilas eran siempre vigiladas para evitar que realizaran actos indecentes e inmorales; las hermanas espiaban a través de un hoyo en la pared las relaciones que las empleadas mantenían con los clientes.

Cuando un acto incorrecto era llevado a cabo, la pupila en cuestión era merecedora de fuertes torturas y otras humillaciones, mismas que paulatinamente se convertirían en algo cotidiano, bajo cualquier excusa, para las mujeres que se encontraban esclavizadas. 

Entre los castigos estaban los golpes con clavos afilados, hierros calientes y una severa restricción de alimentos, entre otras prácticas. Las que ya no resultaban atractivas para los clientes eran supuestamente ultrajadas por animales y posteriormente asesinadas y sepultadas. 

Las Poquianchis contaban con otro tipo de empleados; entre ellos dos sujetos, quienes muchas veces se encargaban de maltratar, violentar y hasta violar a las pupilas como método de retenerlas y que éstas no huyeran del lugar. 

El negocio de María de Jesús fue clausurado, por lo que regresó al lado de Delfina, quien se encontraba todavía en el Guadalajara de Noche, sin embargo, inesperadamente sufrió el asesinato de su hijo "El Tepo", quien la ayudaba en el negocio y sometimiento de las trabajadoras.  

Tras el enfrentamiento en el lugar las autoridades arribaron al lugar del asesinato, clausurando el lugar sin percatarse de que al interior se encontraban más de 20 mujeres en calidad de secuestradas, al día siguiente les fueron retirados los servicios de agua y luz, por lo que María de Jesús planeó un escape con sus pupilas. 

En total fueron seis meses los que las pupilas pasaron encerradas en su nuevo alojamiento, soportando una vez más deplorables condiciones de vida en las que apenas comían. El alimento pronto se terminó y las mujeres entraron en estado de desnutrición, donde algunas murieron y otras se enfermaron. 

Una de las situaciones más populares de la historia es que una de las pupilas, probablemente desvariada, mantenía encuentros sexuales con un perro, lo que le provocó una fuerte diarrea debido a la infección y ya moribunda, fue asesinada a palazos por su propia hermana. 

Las hermanas González nunca asesinaron a nadie con sus propias manos, para ello recurrían a sus empleados, quienes se encargaban de realizar las ejecuciones. Las asesinaban si intentaban huir o las mantenían encerradas en un rancho hasta que murieran de hambre, las sepultaban y a los meses exhumaban para realizarles incineración. 

La detención 

Las hermanas ya se sentían acorraladas por las autoridades, por lo que de nueva cuenta huyeron con sus pupilas, amenazándolas de muerte si intentaban huir o si hacían algún ruido que pudiera delatarlas en el lugar. 

Ante tal desesperación una de las esclavas logró escapar, llegando hasta la procuraduría de León, donde pudo al fin denunciar todo el maltrato y cautiverio al que fue sometida, junto a sus otras compañeras. Cuando las autoridades arribaron al lugar indicado, las hermanas y las otras mujeres seguían en el lugar, por lo que todas fueron detenidas. 

Delfina y María de Jesús fueron trasladadas a la procuraduría del estado para ser interrogadas acerca de secuestro, lenocinio y asesinato de varias mujeres. En todo momento negaron las acusaciones, sin embargo, las autoridades revisaron la granja y encontraron los cuerpos de noventa mujeres enterradas, fetos calcinados y huesos pertenecientes a cuerpos humanos. 

Las Poquianchis fueron mostradas al público, insultadas y agredidas por la enardecida población que también las intentó linchar antes de ser trasladadas a la cárcel de Guanajuato, donde comenzarían su proceso en base a las acusaciones de las pupilas. 

La hermana más joven, se enteró de la aprehensión de las otras dos y viajó para apoyarlas moralmente, sin embargo, también fue detenida tras ser acusada de practicar ritos satánicos y brujería con los cadáveres, al encontrársele pedazos de tela roja y hierbas en la ropa. 

Después de 12 años del caso, el cineasta Felipe Cazals llevó a la pantalla grande esta turbia historia. Un año después el escritor Jorge Ibargüengoitia también se inspiró y escribió "Las Muertas". Para 1992 la periodista Elisa Robledo, sostuvo conversaciones con María de Jesús, presa en Celaya, publicando otro libro sobre el caso. 

La periodista, con asistencia de un abogado, encontraron supuestas irregularidades en el proceso con el que se les sentenció a Las Poquianchis. Las pruebas de las irregularidades sirvieron para la inmediata liberación de todos los implicados, asegura el sitio marcianosmx

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