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Día de Muertos; más que una simple tradición

Aunque la festividad tiene mayor auge en México, países como Argentina, Estados Unidos y Guatemala también la celebran

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Por La Sirena
  • Foto: Wikimedia

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El Día de Muertos es más que una tradición cristiana, es una celebración que contiene elementos de culturas prehispánicas en combinación con el catolicismo.

Es una mezcla de sentimientos, por una lado está el dolor de perder a ese ser querido que partió antes que nosotros, la esperanza de volver a verlo en “otro mundo” y la alegría que conlleva el festejo.

Desde la época prehispánica en México, los indígenas han rendido culto a la muerte y la han concebido como una dualidad de vida, parte del ciclo de la naturaleza.

En diversas partes del país se realizan festivales por Día de Muertos. Foto: Pxhere

Una leyenda cuenta que un principio la festividad se realizaba el noveno mes del calendario solar mexica y duraba un mes, esta era presidida por la diosa Mictecacíhuatl, “La Dama de la Muerte”, quien rendía tributo a los parientes fallecidos.

Se creía que las almas tomaban diferentes rumbos que estaban determinados por el tipo de muerte que había sufrido y no tanto por la manera de comportarse en vida.

Con la llegada de los españoles se empezaron a correr otras versiones, como el infierno y el cielo según haya sido el comportamiento en vida de los hoy fallecidos.

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La celebración del Día de Todos los Santos, que se celebra el 1° de noviembre en el viejo continente, después de la conquista empezaron a fusionarse las celebraciones dando paso a las nuevas fechas.

La muerte conservó su papel protagónico, y con el tiempo fue tomando tintes humorísticos. La gente se ríe de ella, la molesta, la provoca, la festeja.

Aunque la festividad tiene mayor auge en México, países como Argentina, Estados Unidos y Guatemala también celebran el Día de Muertos, en algunos casos, como en India, las fechas cambian dependiendo del calendario religioso, pero la esencia es la misma, conmemorar las almas de nuestros antepasados.

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En el resto de los países, mayoritariamente de Latinoamérica, las celebraciones van desde el 28 de octubre hasta el 2 de noviembre, el día “fuerte”. Desde entonces los difuntos nos visitan cada 12 horas, publicó BBC en uno de sus reportajes.

Días antes de la celebración, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2003 por la Unesco, las personas acuden a los camposantos, limpian las tumbas y se preparan para la fiesta.

En algunos países como México, las personas empiecen la celebración desde la noche del 1 de noviembre, acuden al panteón como sillas, mesas y diversa comida, lo que más le gustaba a su familiar, pasan la noche ahí, conviviendo hasta el amanecer es la espera de la llegada del alma de su ser querido.

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Flores de cempasúchil predominan en los camposantos, donde reposan los restos fúnebres de quien en vida les dio tanto amor.

El 28 de octubre honran a quienes murieron en un accidente o de manera trágica, el 29 se dedica a quienes fallecieron ahogados, el 30 se espera la llegada de las almas que se quedaron en el “limbo” aquellos niños que murieron sin haber sido bautizados, el 31 es dedicado a los que permanecen en el olvido, aquellos que no tienen familia que los recuerden.

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El 1 de noviembre es dedicado a los niños muertos y el 2 de noviembre a los adultos fallecidos.

Aunque en 1983 se quitó la festividad en el calendario argentino, dicha tradición se sigue celebrando de una manera muy similar.

Hay visitas a los cementerios y la colocación de ofrendas como las comidas o bebidas favoritas en los hogares de los difuntos.

Según la tradición, las almas de los muertos regresan del más allá el mediodía del 1º de noviembre y retornan el mediodía del 2

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